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16 mayo 2007

IRÁN. NOS ACERCAMOS AL DÍA D.-

CASCADAS Y CENTRIFUGADORAS.
El New York Times acaba de publicar un artículo firmado por uno de sus redactores más solventes, David Sanger, en el que se recogen importantes filtraciones sobre las conclusiones a las que han llegado los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica sobre el programa nuclear iraní. Según este medio, los inspectores creen que los ingenieros iraníes han conseguido superar las dificultades técnicas que tenían para hacer funcionar correctamente las centrifugadoras. En este momento están concentrados en producir e instalar "cascadas" (grupos de 164 centrifugadoras). Se calcula que de aquí a fin de año podrían pasar de 1.300 centrifugadoras a unas 8.000. En cuanto al nivel de enriquecimiento de uranio, los inspectores consideran que en la actualidad no supera el 5%, un índice muy bajo. Sin embargo, si las cascadas funcionan correctamente, en cuatro o cinco meses podría alcanzarse el 90% necesario para uso militar. Los alarmistas tenían razón y tanto Al - Baradei como aquellos que quitaban importancia al programa iraní se equivocaron. El tiempo se acaba. El Consejo de Seguridad, es decir, los cinco grandes que forman el Directorio que tiene en su mano el control de este organismo, tiene que tomar una decisión en breve o, por el contrario, ser fiel a su historia y mostrar una vez al mundo que es incapaz de llegar a acuerdos en su seno sobre los temas realmente importantes.
El régimen de no-proliferación se fundamenta en el compromiso de impedir su violación. Si tras la violación norcoreana llega la iraní podemos darlo por muerto. Queda un último intento diplomático. Si fallara nos encontraríamos en el umbral del uso de la fuerza. Para aquellos que por principio se niegan a utilizarla, la opción ya está hecha: la renuncia no explícita al régimen de no proliferación y la aceptación inevitable de un nuevo período lleno de incertidumbres para las que no estamos preparados. Para los que están dispuestos a considerar su uso, llega el momento de la verdad. Rusia ha apoyado a Irán y está pagando por ello un precio que le incomoda. La posible instalación de diez lanzadores de misiles de interceptación en Polonia y de un radar en Chequia suponen un nuevo vínculo de Europa con Estados Unidos, precisamente cuando la Alianza Atlántica hace aguas por todas partes. La propuesta de Merkel de llevar la instalación de dispositivos de defensa antimisiles a la OTAN, implica desde su perspectiva algo aún peor. Su objetivo ha sido desde hace decenios romper el vínculo atlántico y su política proiraní, despreciando los sentimientos de vulnerabilidad europeos ante los misiles persas, ha tenido un efecto perverso para sus intereses estratégicos. Rusia ha congelado su colaboración con Irán en materia nuclear, pero de ahí a apoyar una acción militar contra ese país hay un abismo que difícilmente saltarán.
Los gobiernos británico, alemán y francés han criticado duramente las intenciones iraníes y, con la llegada de Sarkozy al Elíseo, todos ellos tienen gobernantes con buenas y cómodas relaciones con Bush. Sin embargo, las minorías musulmanas en estos tres países son importantes y un sector nada despreciable de la población es contrario al uso de la fuerza. En Alemania, donde Merkel gobierna en coalición con los socialdemócratas y donde la población vive todavía bajo el estigma de lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, la posición pacifista es absolutamente mayoritaria. En Francia una opción militar pondría en serios aprietos su tradicional política pro-árabe. A estos elementos hay que sumar sus previsibles consecuencias: un ataque militar complicaría la situación en Irak, provocaría una violenta reacción iraní y elevaría el precio del barril de petróleo por encima del listón de los cien dólares. Bush ha repetido que no le temblaría la mano a la hora de ordenar el ataque contra las instalaciones militares iraníes si las opciones diplomáticas hubieran fracasado y el tiempo hubiera concluido. Recientemente, Cheney ha declarado desde la cubierta de uno de los dos portaviones norteamericanos situados en el Golfo Pérsico que Estados Unidos no permitirá que Irán acceda al armamento nuclear. ¿Son creíbles estas declaraciones? El Congreso está en su contra, el índice de popularidad de la Administración es muy bajo y el Partido Republicano trata desesperadamente de escapar del conflicto iraquí. En estas condiciones, ¿será Bush capaz de ordenar el ataque? Cualquiera que le conozca mínimamente sabe que sí, que actuará en conciencia. Pero eso no quiere decir que lo vaya a hacer. Puede concluir que hay todavía tiempo para que sea el próximo presidente quien tome la decisión. Tampoco parece que ni la popularidad de Olmert, 2% de apoyo, ni las capacidades militares de Israel ni el coste diplomático implícito en un ataque a Irán aconsejen una operación militar exclusivamente israelí.
El tiempo se acaba y sea cual sea la decisión que se tome y dónde se tome, sus consecuencias serán muy importantes para el futuro.
GEES. Libertad Digital.

AFGANISTÁN: LA GUERRA QUE NO EXISTE.-

LA MUERTE DE CIVILES EN COMBATES CONTRA LOS TALIBANES DISPARA LA CRÍTICA DE ORGANIZACIONES DE DERECHOS HUMANOS.
Tras la muerte de la soldado Idoia Rodríguez en Afganistán el pasado 21 de febrero, el ministro José Antonio Alonso aseguraba que la situación en el país “no era bélica”, pero por mucho que se empeñe el titular de Defensa, pocas palabras pueden definirla con mayor precisión: tropas de 37 países en una fuerza liderada por la OTAN; bombardeos prácticamente diarios de los B-1 estadounidenses; ataques cada vez más frecuentes de talibanes e insurgentes, muchos de ellos con kamikazes; 2.739 muertos entre septiembre y febrero recogidos en el último informe de Naciones Unidas; 700 víctimas civiles en 2006, según Human Rights Watch. ¿Si esto no es una guerra...?
Después de cinco años de ocupación militar internacional, la situación empeora día a día. La insurgencia, predominantemente talibán, ha resurgido en el último año con armas más potentes; con más dinero gracias al contrabando de opio; con el apoyo tácito de Pakistán, a quien no le desagrada un Afganistán inestable y sobre todo importando del escenario iraquí una nueva estrategia, el recurso a los atentados suicidas: al menos 136 el pasado año.
Para contrarrestar la temida revitalización de la violencia en primavera, la Fuerza para la Asistencia a la Seguridad (ISAF) lanzó el pasado marzo la Operación Aquiles, la mayor ofensiva contra los talibanes desde 2001, en la que participan alrededor de 4.500 soldados extranjeros y 1.000 del Ejército afgano. Aunque la prensa española apenas se ocupa de ella y los informes de la ISAF hacen más hincapié en los regalos repartidos a los niños en los colegios, basta un simple vistazo a la página web del comando central estadounidense para seguir las operaciones de los bombarderos B-1B Lancer o de los F/A18 Hornet que lanzan bombas teledirigidas GBU-38 en el sur de Afganistán. Según Enrico Piovesana, periodista del diario italiano online Peacereporter, que acaba de regresar del país asiático “los bombardeos de aviones ingleses, americanos y franceses en las provincias meridionales de Kandahar y Helmand son desde hace un año cotidianos y cada uno de ellos es una matanza de civiles”.
En cuanto a las tropas españolas, se repite el intento oficial de intentar pasar de puntillas por la verdadera situación. Aunque es cierto que los 700 soldados que constituyen la aportación española a la ISAF no toman parte en los combates más duros en el sur del país, sí participan junto a tropas italianas, americanas y afganas y bajo el Mando Regional Oeste, en una misión para la “impermeabilización” de la frontera entre las provincias occidentales de Farah, Herat y Ghor y la de Helmand, en la que está teniendo lugar la ofensiva más fuerte de la Operación Aquiles. Es decir, tienen que evitar que los talibanes intenten refugiarse en la zona oeste, fronteriza con Irán. Sin embargo “los talibanes ya han llegado al oeste” - afirma el periodista Enrico Piovesana - y además no se puede decir que las tropas italianas o españolas se dediquen sólo a patrullar. Son fuerzas especiales que han sido adiestradas para algo más”.
Un favor a los talibanes La población civil es, una vez más, la gran víctima de esta guerra silenciosa. La Comisión Afgana Independiente de Derechos Humanos (AIHRC) denunció en un informe del pasado mes de abril que en muchas ocasiones los civiles son los principales objetivos de los bombardeos, ataques suicidas y operaciones militares y que en todo caso hay una cantidad desproporcionada de víctimas civiles. Entre los muchos casos que recogen se encuentran por ejemplo los nueve civiles muertos cuando bombas de casi una tonelada destruyeron su casa en el distrito de Nijrab, al norte de Kabul o los diez muertos y 33 heridos provocados por los disparos indiscriminados de los marines estadounidenses tras un ataque suicida en Nangahar (hechos corroborados en una investigación del mayor general Francis H. Kearney, jefe del Mando Central de Operaciones Especiales).
Denuncian también las ejecuciones extrajudiciales, mutilaciones y secuestros contra trabajadores afganos que colaboran con las fuerzas internacionales La frustración de la población ante el número de víctimas civiles, la falta de comida y ayuda humanitaria, la corrupción gubernamental y el escasísimo avance en campos como la educación, salud o desarrollo económico es cada vez mayor. Enrico Piovesana subraya que “en el sur, ya desde hace más de un año la población ha entendido que las fuerzas internacionales están allí para destruir, que no han hecho nada por el país. Pero este mecanismo se está activando también en el oeste, donde hasta ahora no eran vistos con hostilidad. Cada bomba que cae es un talibán más. Se les está haciendo un bonito favor”.
Mientras se sigue hablando de acción humanitaria son muchas las voces que advierten que en los próximos meses el conflicto será cada vez más violento. “Es una hipocresía evidente que no se merece muchos comentarios”, subraya el periodista italiano. “Es una guerra abierta. Estados Unidos, que nunca se ha empleado a fondo dejando que la situación empeore, pretende que la OTAN sea su brazo armado. En estos momentos salir de Afganistán sería un desafío a la política norteamericana, un acto político muy fuerte que ningún Gobierno europeo tiene el coraje de cumplir”.

13 mayo 2007

DEMÓCRATAS Y APACIGUAMIENTO.-

Supe que los sucesos en Oriente Medio eran importantes cuando el New York Times les dedicó casi tanto espacio como al veredicto de un tribunal de Nueva York hace un par de semanas en el que rechazaba el matrimonio homosexual.
Algunos han argumentado que la respuesta de Israel es desproporcionada, lo que en realidad es correcto: no fue lo bastante fuerte ni de lejos. Lo sé porque aún hay zonas del sur del Líbano en pie.
La mayor parte de los norteamericanos han estado pegados a las pantallas de sus televisores, asombrados ante la demostración de poder de Israel, preguntándose: "Vaya, ¿por qué no podemos hacer eso?"
El presidente del Comité Nacional Demócrata Howard Dean afirma que "lo que está pasando en Oriente Medio hoy" no estaría sucediendo si los demócratas estuvieran en el poder. Cierto, si los demócratas estuvieran al cargo, nuestras ciudades estarían en ruinas y el estado de Israel habría sido borrado del mapa ya.
Pero según Dean, los demócratas tendrían "la autoridad moral que tuvo Bill Clinton" –no, en serio, siga leyendo – "cuando reunía a israelíes y palestinos". Clinton realmente obtuvo la Paz de Nuestro Tiempo con ese acuerdo, siendo "nuestro tiempo" una referencia a la emisión televisiva de cinco minutos en la que lo anunció. Yaser Arafat se retractó inmediatamente de todas sus promesas e inició la segunda intifada.
El hecho de que Israel sea capaz de lanzar un ataque contra Hezbolá sin provocar instantáneamente una conflagración multinacional en Oriente Medio es prueba de lo que ha logrado Bush. Ha empezado a crear un bloque moderado de líderes árabes que aparentemente no están interesados en convertirse en el próximo Sadamm Hussein. No ha habido una quiebra de la bolsa, mostrando que los mercados tienen confianza en que Israel tratará apropiadamente el problema y éste no se expandirá hasta convertirse en la Tercera Guerra Mundial.
Pero los progresistas nunca pueden abandonar la idea de que debemos aplacar a bestias salvajes apaciguándolas, ya estemos tratando con asesinos como Willie Horton o con terroristas islámicos. Después la bestia te come. Y es que sólo hay dos opciones con los salvajes: luchar o salir huyendo. Los demócratas siempre quieren salir huyendo, pero se disfrazan con lemas huecos como "diplomacia", "detente", "implicación", "implicación multilateral", "diplomacia multilateral", "contención" y "acudir a la ONU". Supongo que piensan: "Hey, el apaciguamiento funcionó muy bien con... uh... espere, esta me la sé... ummm... lo tengo en la punta de la lengua..."
A los Demócratas les gusta hablar, pero nunca te los encuentras luchando. Siempre existe una oscura objeción a plantearse en cada circunstancia particular. ¡Pero en alguna guerra futura, van a ser intrépidos! Simplemente una es incapaz de imaginarse cuál será esa guerra. Los demócratas nunca han encontrado una guerra de la que no puedan huir.
En "Meet the Press" el mes pasado, al senador Joe Biden le preguntaron si apoyaría una acción militar contra Irán si los iraníes llegasen a "apretar el acelerador con la construcción de su programa nuclear". No, por supuesto que no. No hay, decía Biden, "amenaza inminente en este punto".
Según los demócratas, no podemos atacar a Irán hasta que hayan firmado una declaración jurada afirmando que tienen armamento nuclear, pero tampoco podemos atacar a Corea del Norte porque puede disponer ya de armas nucleares. El patrón que parece emerger que es: "No ataques a nadie, por ningún motivo, nunca. Nunca".
Los demócratas están irritados porque Corea del Norte tiene misiles nucleares, con Howard Dean diciendo que los demócratas son más firmes que los republicanos en materia de defensa porque, desde que Bush es presidente, Corea del Norte "ha cuadriplicado su arsenal de armamento nuclear". No era muy difícil. Clinton concedió a los norcoreanos 4.000 millones de dólares para construir reactores nucleares a cambio de vagas promesas de no utilizar los reactores para construir bombas. Pero extrañamente, a pesar de este triunfo de la "diplomacia", los salvajes no respondieron portándose bien. En su lugar, se pusieron a trabajar inmediata y febrilmente en la construcción de armas nucleares.
Pero esa es otra amenaza que los demócratas no juzgan que esté madura para la acción aún. En "Meet the Press" el pasado domingo, el senador Biden despreciaba a la ligera a los norcoreanos diciendo que "su gobierno es como un escolar de octavo grado que busca llamar la atención con un petardo" y que "ni siquiera la gente de Inteligencia dice que sea seguro que tengan armas nucleares".
¿Esa es la prueba? ¿Necesitamos tener la absoluta certeza de que los norcoreanos tienen una bomba nuclear capaz de golpear California con Kim Jong Il jurando solemnemente bombardear Estados Unidos (y dando realmente su palabra esta vez) antes de que nosotros... qué? ¿Si tienen una bomba nuclear, qué hacemos entonces? ¿Es la guerra mundial termonuclear esa en la que los demócratas por fin van a estar dispuestos a luchar?Los demócratas no reconocerán la existencia de "una amenaza inminente" en ninguna parte del mundo hasta que haya un misil nuclear a 12 minutos de Nueva York. Y entonces nunca tendremos la satisfacción de decirles "Os avisamos" porque estaremos todos muertos.

Ann Coulter.