18 octubre 2006

EL YATE “VITA”

UN TESORO EXPOLIADO A LOS ESPAÑOLES.
OTRO EJEMPLO DE LO QUE FUE LA II REPUBLICA.

El caso del Vita, que debiera ser muy ampliamente conocido: es uno de esos hechos que, como el asesinato de Calvo Sotelo, condensa toda una situación histórica.
Como hoy es bien sabido, los dirigentes del Frente Popular se pusieron a salvo, al terminar la guerra, sin atender a los miles de izquierdistas, muchos de ellos complicados en crímenes brutales, que quedaban a merced de sus enemigos. A salvo se pusieron, digo, con inmensos tesoros robados al patrimonio artístico e histórico nacional y a los particulares, incluyendo a la gente sin recursos que empeñaba sus escasos bienes en los montes de piedad. Estos fondos debían servir también para controlar políticamente el exilio, a cuyo fin se formó el SERE (Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles).
Negrín, "previsoramente", como él decía, organizó desde los primeros meses de la contienda – esto es importante, sabían que iban a perder – el gigantesco expolio. Y en marzo de 1939, poco antes del fin de la guerra, parte de lo expoliado fue embarcada en Francia con rumbo a Méjico, en el yate Vita. El barco había pertenecido a Alfonso XIII con el nombre de Giralda, y lo mandaba un capitán relacionado con los separatistas vascos. Su carga debía recibirla el doctor Puche, ex rector de la universidad de Valencia y agente de Negrín en Méjico. Pero tanto el PNV como Prieto intentaron apoderarse de él. El botín valía la pena: depósitos del banco de España, cajas de oro amonedado, objetos históricos de la catedral de Tortosa, el Tesoro Mayor y Relicario Mayor de Sta. Cinta, ropas y objetos procedentes de la catedral de Toledo, entre ellos el famoso manto de las 50.000 perlas, colecciones de monedas de alto valor numismático, con ejemplares únicos de valor histórico, objetos de culto de la Capilla Real de Madrid, entre ellos, el joyero y el Clavo de Cristo, pinturas, alhajas de los montes de piedad, etc, etc. La mayor parte de la carga, de contenido ignorado, iba en más de cien grandes maletas, que, nos informa el dirigente de la UGT Amaro del Rosal, habían adquirido en París con gran sigilo unos empleados del Banco de España, socialistas de confianza.
Prieto demostró más habilidad que sus competidores: de acuerdo con el presidente mejicano Lázaro Cárdenas, conocido por su extrema corrupción, burló a Negrín y al PNV y se apropió del barco. Luego se respaldó en la supuesta autoridad de las Cortes en el exilio, grupo de personas sin representatividad real, a quienes había sobornado con espléndidos giros, según explica Del Rosal. La maniobra produjo un duro cruce de correspondencia entre Prieto y Negrín, gracias al cual conocemos las claves del asunto. Con los fondos así obtenidos, Prieto montó la JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles), que disputaría al SERE el control sobre los políticos exiliados, mediante pensiones más elevadas. Ambas organizaciones serían acusadas de corrupción y favoritismo. Amaro sospecha que los objetos de valor histórico o artístico fueron desguazados o fundidos para borrar la huella de su origen.
Los racistas jefes del PNV habían mostrado aversión a recibir ayuda de entidades españolas, pero, chasqueados en su plan de adueñarse del Vita, cambiaron de idea y trataron de "comer a dos carrillos", en expresión suya, beneficiándose tanto del SERE como de la JARE, pese a que cada organismo negaba su ayuda a quienes la recibieran del otro. Tendrían éxito sólo a medias. Los líderes nacionalistas catalanes habían defraudado sumas considerables al Frente Popular, aparte de lo que se quedaran de los saqueos anarquistas, y no parecen haber sufrido grandes penurias.
Pocos dirigentes rehusaron las atenciones del SERE o de la JARE. Uno de esos pocos fue el ex presidente Alcalá-Zamora, víctima a su vez del robo de las cajas de seguridad de los bancos por el gobierno de Largo Caballero. Pese a soportar una dura necesidad, rechazó un dinero que consideraba manchado. Otro fue el insobornable Cipriano Mera, para quien "aceptar algo del SERE era reconocer tácitamente al nefasto doctor Negrín como representante oficial de los españoles exiliados". Mera, sufriendo pésimas condiciones en un campo de presos en Argelia, replicó a las ofertas de un bien trajeado agente del SERE: "Mi caso no es diferente del de varios miles de refugiados. Ni más ni menos. Rechazo por adelantado cualquier privilegio personal, pues no me lo admite mi dignidad. Y ahora quiero decirte una cosa: estáis manejando un tesoro que no os pertenece y del que tendréis que rendir cuentas el día de mañana. ¡No lo olvidéis!". Nunca hubo rendición de cuentas, ni antes ni después de la Transición.
El caso trae inevitablemente a la memoria un juicio de Azaña sobre sus correligionarios: "una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta".
Al margen de otras consideraciones, el asunto se presta como pocos a un buen documental o una buena película: el mero relato fidedigno de los hechos contiene una extraordinaria novela, por decirlo así.
Casi todo el cine sobre la guerra civil lo han hecho las izquierdas, lo cual, lamentablemente, significa de entrada una alta dosis de falsedad histórica. Creo que había en marcha últimamente algo sobre el Valle de los Caídos, en la línea de Preston: "La creencia de Franco de que los crímenes de los republicanos podían ser redimidos por el trabajo subyacía a la creación, en los años cuarenta, de "brigadas penales" y "batallones de castigo" de republicanos cautivos, empleados en trabajos forzados para la construcción de diques, puentes y canales. En la construcción del Valle de los Caídos se emplearon veinte mil de estos penados, murieron catorce y otros muchos quedaron tullidos en accidentes o padecieron silicosis. A España le costó tanto como le había costado El Escorial a Felipe II en una época más próspera".
Ni una sola de esas frases corresponde a la realidad.
Sobre un trabajo de Pío Moa.

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