15 julio 2006

LAGRIMAS EN EL ESPEJO.-

Significativa hoy la carta de Casimiro García Abadillo a la fiscal Olga Sánchez en El Mundo. El papelón que está haciendo la fiscal, especialmente de cara a las víctimas ante las que se comprometió a averiguar la verdad, es antológico, porque en 28 meses no ha querido (¿por qué, doña Olga?) pedir que se adjunten al sumario los informes de análisis de los focos de explosión de los trenes. Anteayer, la fiscalía se despachó con una nota informativa que se salía por la tangente y ayer el Fiscal General del Gobierno volvía a irse por los cerros de Úbeda. Menos chorradas y menos notas informativas y resolvamos la cuestión en diez segundos, porque la cosa es bien sencilla: basta con que el Gobierno exhiba públicamente los informes de análisis de los focos de explosión redactados el 11 de marzo de 2004. Sólo hay dos posibilidades: Que en ellos no figure la nitroglicerina, en cuyo caso el asunto tiene arreglo: simplemente habría que explicar por qué Sánchez-Manzano no dijo la verdad en la Comisión 11-M y por qué se ha tardado 28 meses en entregarle los informes al juez. Que en ellos figure la nitroglicerina, en cuyo caso estaría claro por qué no se entregaron esos informes al juez y estaría claro, también, que el sumario se viene abajo. ¿A qué espera el Gobierno para resolver la cuestión, con lo sencillo que es exhibir un mísero papel? Muy de agradecer también hoy, en El Mundo, la columna que Federico Jiménez Losantos dedica al blog. Realmente, los lectores y participantes de este blog están dándonos a todos una lección en múltiples sentidos. Desde luego, quienes alguna vez pensaron en que podrían tapar la verdad de los hechos no esperaban, ni por asomo, que pudiera producirse un fenómeno semejante. Ese fenómeno demuestra hasta qué punto la sociedad abierta puede, aprovechando la Web, enfrentarse a cualquier intento de manipulación u ocultación. Unos cuantos miles de personas geográficamente dispersas, de ideologías dispares, de formación diferente y sin vínculos previos, pero que comparten el deseo de perseguir la verdad, son capaces de poner contra las cuerdas a cualquier gobierno que trate de incumplir la norma básica de toda democracia: la de que los ciudadanos tienen derecho a una información libre y veraz. Ayer, esos peones negros estuvieron presentes, junto con tantos otros ciudadanos, en las calles de toda España, respaldando a las víctimas y recordando el asesinato de Miguel Angel Blanco. Algunos han pretendido olvidar esas lágrimas, porque ahora necesitan sentarse con los asesinos. Otros, no pensamos olvidarlas nunca. Y la verdad es que ellos, por mucho que lo intenten, tampoco conseguirán borrarlas del recuerdo. Las verán cada vez que se asomen a un espejo.
Luís del Pino.

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