22 abril 2007

MISION IMPOSIBLE.-

POR ESO VAN 160 LEGIONARIOS, PARA SACAR A AFGANISTÁN DE LA EDAD MEDIA.
De la ciudad de Herat, donde está destacado el grueso de las tropas españolas, a la pequeña población de Qala-i-Now distan 150 kilómetros. El paisaje entre una y otra es todo un catálogo de modelos de desierto con un denominador común. Todos ellos son abrumadores. Del más duro, tierra reseca y piedras, del primer tramo, se pasa rápidamente a una extraña sucesión de infinitos valles grises y rojos para abandonarse después a una inmensidad granítica de riscos imposibles. El final del trayecto es la ciudad de Qala-i-Now, capital de la provincia de Badghis, una de las más pobres del cuarto país más pobre del planeta.En ella conviven, con sus 16.000 habitantes, 160 legionarios y siete colaboradores civiles españoles que forman el Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) y que se empeñan día a día en sacar a esa ciudad y a esa provincia remota de la Edad Media. Los pocos signos de modernidad visibles entre la población son algunos coches destartalados, restos de tanques rusos a la entrada del pueblo y los ineludibles kalashnikov.Cifras espeluznantes. Para hacerse una idea del retraso de Qala-i-Now, sólo hay que atender a algunos datos: uno de cada cinco niños muere antes de cumplir cinco años; la esperanza de vida al nacer no supera los 45 años; una mujer muere cada 30 minutos por causas relacionadas con la gestación y el parto; en toda la provincia no hay ni un solo kilómetro de carretera asfaltado, y son más de 25.000 kilómetros cuadrados de región. Hasta la semana pasada la ciudad no tenía electricidad; cuando los españoles llegaron allí, las habitaciones del precario hospital local eran compartidas por embarazadas y tuberculosos. Esos 150 kilómetros que separan una ciudad de otra se tardan en recorrer en coche nueve horas. En verano, las temperaturas alcanzan más de cincuenta grados y en invierno sus calles acumulan hasta metro y medio de nieve.Aún hay gente que se pregunta qué hacen los militares españoles en Afganistán. La respuesta, tras ver el lugar, es fácil: un trabajo inmenso.La ciudad es un conjunto más o menos extenso de casas de adobe, con las calles de tierra compactada por los asnos y los pocos coches que circulan. A ambos lados de la calle principal se abren multitud de pequeñas tiendas de telas, alfombras y alimentos, con los corderos abiertos en canal colgando de las puertas, donde descansan en cuclillas los mercaderes, de dura mirada y largas barbas la mayoría. Por doquier se ve pasear a mujeres aún ocultas bajo sus burkas azules, y a las niñas vestidas de negro enteramente, mientras los niños harapientos se acercan sin miedo alguno a los vehículos españoles. Curiosamente, saludan en castellano. Repiten incesantemente la palabra «hola» mientras agitan la mano. La emisora que tienen las tropas dentro de la base emite dos veces a la semana en su idioma y les enseña a los locales nociones básicas de salud, algunas palabras de español y consejos tan elementales como que hervir el agua para cocinar puede evitarles enfermedades que en este lugar suponen la muerte.Los legionarios allí destacados, «herederos» de la Brigada de Montaña y que serán sustituidos por paracaidistas en junio, pasean a veces en grupos de cinco o seis por el pueblo, bajo la atenta mirada de los compañeros que vigilan las calles. «Es bueno que nos vean pasear, que nos mezclemos con ellos y que gastemos algo de dinero en sus tiendas», señala un comandante legionario. «Nos aprecian, ven que estamos trabajando y que el trabajo da resultados», añade. Y es cierto. Aunque los grandes proyectos los esté llevando a cabo el componente civil, con la ayuda y protección del militar, y con trabajadores locales, los soldados han desarrollado una serie de proyectos que denominan «Quick Impact Projects» (Proyectos de Impacto Rápido). Gracias a los militares españoles, parte de la ciudad tiene ya electricidad. Tal fue el evento que el propio presidente, Hamid Karzai, fue hasta Qala-i-Now para inaugurar la novedad, encendiendo cuatro bombillas conectadas a un interruptor en las instalaciones de la pequeña central eléctrica. Por ahora, éste ingenio sólo llega a los edificios oficiales, el hospital y parte de las calles principales, pero poco a poco se irá extendiendo hasta los hogares. Además, han rehabilitado la biblioteca pública, han acondicionado el basurero municipal, han construido una pista polideportiva, han comenzado las obras de una escuela pública en uno de los distritos de la provincia y han instalado una planta potabilizadora en otro. Y todo ello, reduciendo el coste del presupuesto militar.Entre sus funciones, los militares españoles también deben asistir al Gobierno afgano a extender su autoridad en esa provincia y a reformar el sector de seguridad. Junto a las acciones en esta dirección, como patrullas conjuntas, asistencia a los comités locales y controles en la ciudad, el Ejército trabaja intensamente colaborando con la Policía nacional afgana, en la lucha contra los narcóticos y en la reforma del sistema judicial, aunque esto, según un jurídico militar destacado en la ciudad «es muy complicado, porque los jueces no han estudiado nada y se rigen exclusivamente por la ley islámica. Hay que ir poco a poco».Y poco a poco van. Un trabajo ingente que había que empezar desde cero, desde hace dos mil años, cuando el mes de mayo pasado llegaron a Qala-i-Now. Desde entonces se ha avanzado, pero es una misión que requerirá mucho, mucho tiempo, hasta que eso se parezca mínimamente a una ciudad de los países de su entorno.Pero para esto también tendrán que estar atentos a posibles brotes de violencia. El riesgo de los talibán y de los señores de la guerra es menor en esa zona que en el sur, pero calculan que en el área de Qala-i-Now hay cerca de 10.000 armas en poder de la población. Por el momento están esperando a que las devuelvan voluntariamente. Pronto comenzarán a hacerlo por obligación.A la Legión sólo les queda algo más de un mes de misión. Luego vendrán los «paracas» y luego otros y otros, que irán sacando al país de sus miserias actuales. España está ahí por ese pueblo paupérrimo y porque esta misión nos hace ganar peso en la Alianza Atlántica y, por qué no, de paso ante nuestros aliados.

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