21 abril 2007

IRAK. OPCIONES.-

Un miércoles negro. El mismo día en que los británicos traspasaban el control de la provincia de Maysan a las fuerzas iraquíes, una sucesión de bombas y ataques en Bagdad dejaba casi doscientos muertos. Por si alguien había depositado su confianza en el nuevo plan de seguridad de Al Maliki, se la han quitado de un bombazo. Tras dos meses desde su puesta en marcha, se habían logrado ciertas mejoras, se había detenido a varios terroristas y se habían interceptado importantes cantidades de explosivos. Pero incluso los mandos militares eran cautelosos con estas buenas noticias y avisaban de la posibilidad de que los violentos quisieran desbaratar el plan de seguridad, y así ha sido.
Los terroristas sunitas y seguidores de Al Qaeda han conseguido que en todos los medios se hable del estrepitoso descalabro del plan y, como no, del rotundo fracaso de la nueva estrategia de Bush para Irak. Hablar de un cataclismo es todavía algo precipitado porque sólo el 60% de las 28.000 tropas adicionales prometidas por Bush han sido desplegadas. Faltan dos brigadas más que llegarán a principios de junio. Además, nadie aseguró nunca que instaurar la seguridad en Bagdad fuera a ser una tarea fácil.
Lo que sin duda están consiguiendo los terroristas con los ataques masivos e indiscriminados en mercados, escuelas o plazas es acrecentar la impopularidad y el odio hacia las fuerzas extranjeras. Una táctica mucho más efectiva que cualquier otra. Sin embargo, la utilización de estos métodos también está provocando enfrentamientos entre las diversas facciones sunitas. El Estado Islámico de Irak, un conglomerado de varios grupos radicales sunitas afines a Al Qaeda que atentó recientemente contra el Parlamento iraquí, ha asesinado a un buen puñado de militantes del Ejército Islámico de Irak, en cuyas filas hay antiguos oficiales del ejército de Sadamm Hussein. Al parecer, el motivo es el rechazo de estos últimos a unirse al Estado Islámico de Irak, al que acusan de violar la ley islámica atacando a los ciudadanos, saqueando viviendas y robando el dinero de los civiles.
No es el único grupo insurgente que se está alejando de los leales a Al Qaeda. El líder de las Brigadas Revolucionarias de 1920 aseguró en una reciente entrevista que tras el asesinato de varios de sus miembros a manos del Estado Islámico sólo les quedaban dos opciones: o luchar contra Al Qaeda y negociar con los americanos, o luchar contra los americanos y unirse al Estado Islámico de Irak, que está dividiendo el país. Sin olvidar tampoco que éste último, a diferencia de los demás grupos, está compuesto principalmente por combatientes extranjeros.
Las últimas masacres desalientan a cualquiera, sin duda. Pero en la provincia de Al Anbar los grupos sunitas locales ya han decidido posicionarse contra Al Qaeda. Nadie dijo que iba a ser fácil.
GEES. Libertad Digital.

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